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YAIZA SOCORRO - FOTÓGRAFA

Las manos de Juan

Juan Ramírez Pérez, artesano, Santa Lucía de Tirajana entrevista realizada por @loretosocorro

Nos trasladamos hasta el mismo casco de Santa Lucía de Tirajana para pasar la tarde con el último cestero de junco y anea. Nos recibe su hermana Concha que mientras abre la puerta se muestra dinámica, alegre y amable. El taller es un cuarto que está junto a la vivienda, rodeado de matos y flores entre las que sobresalen los embelesos azules.

Juan es usted cestero y locero, ¿qué prefiere?

El barro me gustaba casi más que las fibras vegetales pero el calor me podía. Son tres horas de fuego al horno que tengo aquí atrás… Lo más que hacía yo eran idolillos y pintaderas por encargo.

En un pasillo al aire libre, junto al taller, vemos un secadero donde nos paramos con Juan Ramírez que nos va explicando sobre las fibras.

En los charcos de agua de los barranco es donde busco la gran parte de la materia prima. Aquí hay ahora junco, anea, centeno, lino y palmera.

¿Ya tiene las zonas del barranco localizadas para ir directo?

Y el ojo hecho, para captar si están para coger o no, si tienen fibra o si, por contra, están muy tiernas. Es que si está tierno se ajilla, se seca demasiado. Los cesteros de caña decían que la caña verde se ajillaba y no la cogían.

¿Aún hay cantidad suficiente por los barrancos?

Sí que queda junco y anea. Antes se cogía para los animales pero hoy en día no hay animales ni cesteros ni nada; Pues yo vuelvo donde dejo el corte y allí siempre tengo. Luego está el trabajo de  traerlo desde el barranco hasta el taller.

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El artesano sigue señalando las fibras del secadero

Esto es junco. A cada mata de junco se le quita la cascarita de fuera y todo son fibras, de arriba a abajo. Por eso, los guanches querían ese material para los trajes de ellos, para los tamarcos y también para los tabuetes (bolsos).

¿Siembra usted mismo el lino o lo compra?

Lo cultivo yo mismo, en el tajo…mira qué cosa..-aprieta y sopla una de las varas, dejando las semillas de lino a la vista en la palma de su mano- Ve, de aquí sale la linaza. Y de la fibra del lino esta se saca para hacer la tela de lino. Primero lo siembro y después del secadero lo dejo entre diez o quince días en agua y más tarde tengo que majarlo y rastrillar toda la basura de por fuera. Así se queda como lana . El lino es la única fibra que siembro yo, todo lo demás lo voy a buscar por los barrancos.

¿Cómo se inició en la artesanía?

Por necesidad, de niño en la escuela a mi me gustaba mucho pintar y estudiar pero éramos diez aquí, en mi casa, y no se podía estudiar. Si hubiera podido, por lo menos maestro,  me hubiera gustado. Cuando estuve en el Berriel, trabajando en el almacén de empaquetado yo daba clases. Fui listero cinco años, es decir que iba pasando lista a los obreros que trabajaban,  y después del trabajo daba clases: de 6 a 8  a los chicos y de 8 a 10 a gente grande. Les enseñaba las 4 reglas: escribir, leer, sumar y restar.

¿Por necesidad iba aprendiendo el oficio de cestero?

Al principio, con mi abuelo, me ponía a hacer con él aperos de labranza y cosas de carpintería pero un día con el formón tuve un accidente y me dieron nueve puntos en la mano y ya no quise trabajar más la madera.

Mi abuelo trabajaba también la pita, con esta piedra la machacaba. Hay que tener fuerza para poder sobar en la tabla con esta piedra que pesa mucho. Tampoco me aficioné a esa fibra porque era muy urticante.

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¿Era algo normal que todos tuvieran algún oficio artesanal?

En general sí. En estos días me dio por pensar en cómo estaba todo esto lleno de artesanos. Se les hacía encargos para después de la labranza: esteras, cestas pedreras y se vendían también unas esteras grandes con 4 aletas, para exportar el pescado salado. Hacían un montón de cosas, pero baratísimas. Mi madre sabía coser pero para sobrevivir tenía que hacer esteras, que era lo que le encargaban y a mi me ponía a hacer las tomizas y tenía que hacerlas finitas para ribetear toda la estera.

¿Te enseñó ella?

No, yo solamente hacía las tomizas. Esto lo aprendí yo por mi cuenta. Me fui al museo canario y mirando láminas iba haciendo mis dibujitos. Me fijaba bien y a veces, de tanto que me acercaba, me golpeaba la frente con los cristales de las vitrinas.

Mientras un gallo canta al son del click de la cámara fotográfica Juan va cosiendo tomizas.

Estas tomizas que tengo cosidas aquí ya es un inicio de algo, que puede ser un balayo, una cesta de costura de 2 o 4 asas… se pueden hacer muchas cosas. Con una mano cose y con la otra va tanteando. Este dedo va calculando el espesor. Estas ramitas son de lino y siempre deben tener el mismo espesor, no importa la largura pero el espesor debe ser el mismo. Voy calculando según hago y lo voy alimentando con más ramitas, poco a poco. Cuando se termina se corta y se remata.

¿Se remata en cualquier lado?

Hay que buscar la marca de inicio, para acabar donde mismo se empieza, porque si no se queda más alto por un lado que por otro.

¿Cómo amarras una con otra?

Voy pasando la hebra y la que se queda suelta la corto. Las tomizas son tiras largas, que al inicio y al final son más finas aún, para poder enhebrar la aguja. Mi hermana Concha me da buenas lecciones de costura -apostilla mientras ríe-.

¿Lleva  desde siempre en la Federación de Artesanos?

Yo estoy desde antes de la FEDAC, cuando el Ministerio de Cultura y el director era don Maximiano Trapero.

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¿Cómo fue que se animó a sacarse el carnet de artesano, en aquellos tiempos?

Uno de mis hermanos engarzaba collares y era cerero, hacía velas de cera, y me dijo que me sacara el carnet. Que él también lo tenía.

El carnet de cerámica fue el primero pero me lo cambiaron y un día me propusieron dar un curso en San Bartolomé y, no me negué, pero les dije que no tenía ya el carnet de barro y, enseguida, me lo hicieron de nuevo.

Tengo uno para trabajar el barro y otro de cestero.

Si hay gente interesada en aprender sobre las fibras vegetales, ¿cómo puede aprender?

Aquí no enseño yo pero si la FEDAC o el Ayuntamiento organizan un taller se pueden apuntar. A día de hoy hay pendiente un curso que no se pudo hacer el año pasado. Yo he dado muchos cursos en San Bartolomé y Vecindario con la FEDAC y es bueno que la gente aprenda, para que no se pierda esto.

Al final además de artesano también ha ejercido como maestro, al menos de las artesanías.

He dado muchos cursos de cestería, de barro… Siempre hay gente que aprende más lento y otros más rápidos pero todos los que vienen a los cursos tienen interés.

A mi me gusta dar cursos, llevar una muestra de lo que hago y hablar también en los colegios. A veces han venido aquí, se sentaban los niños en frente mío, yo les hablaba de lo que es esto y me hacían un montón de preguntas.

¿Colaboró para una serie de dibujos animados, verdad?

El Cabildo hizo esa serie para que los niños conozcan las artesanías canarias. Cuando vinieron a grabar  me decían que hablara mirando para allí -señala justo en frente suyo-  y cuando lo vi en la tele ya  estaban los dibujos incluidos y, la verdad,  quedó muy bien. A mi me gustó mucho. La serie se llama “Sara y Darmo” y recomiendo que lo vean.

¿Y por el norte de la isla ha dado talleres?

No. Aunque en el Aula de la Naturaleza de las Tederas se hizo un taller de varios días, con convivencia y todo, de gente de la Universidad Laboral de Los Sauces (La Palma). Yo llevé el material y les enseñé. Cuando hago talleres así suelo llevar los principios, los llevo hechos para agilizar, pero con interés acaban aprendiendo.

¿Qué son los principios?

Pues el fondo redondo que se hace al inicio. Es donde se comienza el trabajo y suele ser lo más difícil.

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¿Cuánto tiempo le lleva hacer una cesta de tamaño medio?

No se decirle porque voy haciendo una cosa y paso a hacer otra… pero una cesta lleva unos 6 días trabajando sin parar, si es más no sale rentable.

¿Cuándo le hacen encargos son para usar como decoración?

Son para decorar,  pero antes eran para el servicio. Los taños y balayos se usaban para llenarlos de trigo, se metían los quesos dentro… Un día, no se que oí, algo de balaya y de cuando la mujer está en cinta y se le dice vaya balaya que tienes y es porque la barriga tiene esa forma redondeada de la cesta.

A veces en las ferias hay quien le dice a los chiquillos mira para guardar serpientes, porque les recuerda a las cestas de los encantadores que tocan con la flauta para llamar a las serpientes, pero para mi que no se parecen… Y yo les digo que si hay serpiente adentro le regalo la cesta y la serpiente también.

¿ Por qué una cernidora tan enorme?

Son sarandas y no las hace nadie sino yo solo. Se usan para el baile de los campesinos. Antiguamente eran así pequeñitas -nos muestra una a su espalda- y cuando me las encargan hoy en día son para bailar en grupo y se hacen grandes.

Juan Ramírez nos enseña una foto donde aparece una joven con una falda hecha por el para Mundo Aborigen

Lo del Mundo Aborigen lo hice todo yo y en Tenerife me encargaron muchas cosas para una muestra.

Esta falda de la foto está hecha de palma. La espicho finita, cojo las hojas de palma de dos en dos, las astillo con una aguja porque con las uñas acaba siendo incómodo y así trabajo la palma. Esto se llama manojear.

¿Cuéntenos sobre las ferias en las que ha participado, aprovecha también para divulgar su oficio?

Me gusta hablar de esto y he ido a Cuba, Madrid, Segovia, Lugo, Barcelona… he caminado mucho con la FEDAC, para mostrar mi trabajo y las artesanías canarias. Guardo buenos recuerdos de la de Pinolere (La Orotava) donde me llevé el primer premio de 32 países. Ahora se ha parado todo pero la FEDAC me invitó a la Feria Regional de Tenerife en diciembre.

También ha llevado su trabajo en peregrinación al Pino en alguna ocasión.

Con Pedro Grimón fui cuatro veces en las carrozas del Pino. Una de esas veces llevaron en la carroza un taller de esto y yo iba dentro haciendo un cestón grandísimo.

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¿El saber y el trabajo de sus manos está repartido por todo el mundo gracias a las ferias de artesanía?

Mucho por las ferias y también por los turistas que vienen aquí y me buscan… mi artesanía está repartida por muchos países.

¿Es duro el trabajo artesano?

Lo primero que hay que tener claro es que te tiene que gustar estar aquí sentado todo el día. Hay mucha tarea porque se debe ir a buscar los materiales. Yo voy a los barrancos o planto el lino. Lo siego, lo seco,… Todo eso antes de empezar a crear. Y echarle muchas horas.

¿Desde que se levanta ya está trabajando con las fibras?

Hoy en día no. Lo primero que hago es que atiendo los conejos, las palomas… me meto en el terreno a plantar y cuidar los cultivos. Este año planté muchas arvejas y se criaron grandísimas, sin regarlas casi. Luego me vengo para el taller y paso muchas horas aquí. La peor época fue cuando tenía que pagar el seguro de autónomo, que eran veinticuatro mil pesetas,  y el mes se me iba enseguida. Hasta por las noches, cuando tenía prisa con un encargo, me venía al taller a trabajar. Mis hermanos viendo la tele y yo en el taller, con la única compaña de la radio.

¿Cómo son las manos de un artesano?

Es lo principal, no se trabaja con otra cosa. Las manos de un artesano son así -nos muestra unas manos firmes, abiertas y poderosas por las huellas del trabajo- Estas manos han trabajado y no solo en esto, también de aparcero con 16 años, hice 4 zafras en el barranco de Balos, donde además fui listero como te dije antes. Después de los tomateros me fui para Las Palmas de Gran Canaria a un tostadero de café y allí todos los trabajos pasaban por mi mano: tostar, moler, empaquetar…

En barro,  ¿ha hecho otras cosas creativas?

No, no me gustaba sino los ídolos, las pintaderas y todo como son. No me gusta inventar. Yo iba al museo canario, me fijaba bien y los hacia iguales.

Aprendí solo también. Iba de cacería por las cuevas donde esta ahora el museo de La Fortaleza de Ansite y cuando veía cosas de barro las observaba e investigaba, para saber cómo estaba hecho, qué porcentaje de arena llevaba…

De forma autodidacta y con mucho interés fue aprendiendo Juan Ramírez. Nos despide con el mismo cariño con el que nos acogió y le agradecemos que mantenga vivo el arte ancestral del junco y de la anea, tanto como las ganas de enseñar a toda la gente que desee mantener viva esta artesanía.

Gracias a Juan y a su hermana por su cordialidad y sencillez.

 

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