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YAIZA SOCORRO - FOTÓGRAFA

Tres ciudades en vísperas de San Juan

Entrevistas realizadas por @loretosocorro

Vamos a festejar San Juan en tres ciudades de Gran Canaria y en muchos barrios y pueblos, por toda la geografía isleña. Y lo haremos compartiendo una charla con tres personas que aman la historia, la investigan y divulgan: Juan José Laforet Hernández (Las Palmas de Gran Canaria, cronista oficial), Antonio María González Padrón (Telde, cronista oficial) y Armando Pérez Tejera (Arucas, investigador).

Sabemos que temprano, en la mañana del 24 de junio de 1478, llegó hasta las arenas de la Playa de Santa Catalina -donde hoy está el Metropol- el ejército de la reina Isabel I de Castilla.

¿Fue esa llegada una mera coincidencia o quizás ese día fue el elegido por la «Reina Católica»?

Lo cierto es que se retrasaron mucho. Un mes para llegar desde Cádiz hasta Gran Canaria, aún teniendo escaramuzas con naves portuguesas, es mucho tiempo.

¿Se preparó la llegada un día 24 de junio, día de San Juan Bautista, día del solsticio de verano y onomástica de los fundadores de la actual ciudad de Las Palmas de Gran Canaria? Y si fue así, ¿para qué?, ¿se pretendió, quizás, sembrar un misterio, convertir la llegada del ejército en un símbolo de evangelización?

Este es otro de los enigmas de la noche de San Juan en Gran Canaria.

Los cronistas nos dicen que San Juan es la cristianización de la fiesta más primitiva de la humanidad: la celebración del solsticio de verano, de la cosecha y de la fertilidad. Era en esas fechas cuando, tras el duro trabajo de recolectar, se propiciaba un tiempo dedicado al descanso y a la celebración. Se acostumbraba a eliminar todo lo sobrante y las cosas viejas mediante hogueras.

En Arucas y en Telde, San Juan son fiestas patronales pero no en Las Palmas de Gran Canaria, cuya patrona es Santa Ana. Destacamos esto porque nos comentan la importancia de desvincular dos cosas que en la ciudad capitalina están muy unidas: las fiestas del barrio de San Juan y cualquier manifestación de la noche mágica y, por otro lado, las Fiestas Fundacionales de la ciudad, que coinciden el 24 de junio y que vienen celebrándose desde los años 70 del siglo XX.

También hemos hablado de los rituales de purificación en torno al fuego y al agua: cada vez hay menos posibilidades de hacer hogueras y saltarlas. Ha ido cobrando fuerza e interés el acercarse a la costa, por estas fechas, para un remojo. Parece que lo de bañarse en el mar no tiene nada que ver con lo que hacían generaciones anteriores. La gente antes no iba en masa, como ahora, ni a pasar el rato con la nevera. Era un bañito y volver a casa.

En Arucas casco las acequias de la zona, por donde corría el agua abundantemente, se usaban esa noche de San Juan como elemento purificador.

San Juan, como vemos, es uno y es mil. Con singularidades, según el municipio o el barrio donde se celebre; pero lo que no se puede poner en duda es que si hay una festividad que aúne creencias no es ni la Navidad ni la Inmaculada Concepción. Es, sin duda, San Juan Bautista. Aúna creencias de los mundos antiguos del arco mediterráneo y por evolución hasta nuestros días.

Estos hombres han esparcido semillas sanjuaneras en Sal del Atlántico que, con suerte, brotarán esa noche mágica con fuego, mar y papas peladas -medio peladas- sin pelar… Hemos encendido un fueguito que ya es una hoguera gracias a ellos y a su saber, unidos los tres por San Juan.

El devenir de las fiestas patronales en la capital

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Juan José Laforet Hernández, cronista oficial de Las Palmas de Gran Canaria

Juan José Laforet nos regala una imagen que explica muy bien las distintas celebraciones en torno a San Juan en Gran Canaria. «Sobre el origen de las fiestas de San Juan me gusta decir que Arucas y Telde celebran su santo y Las Palmas de Gran Canaria celebra su cumpleaños. Así lo entiende todo el mundo».

San Juan Bautista -dice Laforet- siempre se celebró en la capital, pero como se ha celebrado en cualquier otro sitio porque es una festividad genérica en todas las islas.

Nos informa de que, desde el siglo XVI al siglo XVIII, las grandes fiestas patronales de Las Palmas de Gran Canaria fueron las fiestas de Santa Ana (26 de julio): con procesión solemne, saraos, luminaria, juego de toros…

Hubo luego una transición, desde mitad del siglo XVIII hasta principios del siglo XIX, hacia otra celebración institucional: la de San Pedro Mártir (29 de abril), que se pasó a celebrar como fiestas de la ciudad. Eso se mantuvo durante el siglo XX. Laforet repasa ahora sus recuerdos de esas fiestas de San Pedro Mártir, en los años 70: «Se iba al Parque San Telmo, a los cochitos de choques, a la noria, a los puestos de algodón de azúcar… Y había competiciones de lucha canaria, vela latina».

Justo en esos años 70 del siglo XX, un movimiento ciudadano pide que se instaure en Las Palmas de Gran Canaria, como fiesta fundacional de la ciudad, las fiestas en el día de San Juan Bautista. Un argumento indiscutible para defender esta petición fue que teníamos la suerte de conocer el día y casi la hora de cuando había nacido la ciudad. Por otro lado, San Pedro Mártir no tenía relación directa con lo que era la historia fundacional de la ciudad y se prefirió hacer ese cambio.

Nos relata Juan José Laforet que,  para poder hacer el cambio de fiestas, se aprovechó que en el año 1978 la ciudad cumplía 500 años desde su fundación. Y a partir de ése momento se empezaron a celebrar las Fiestas Fundacionales de Las Palmas de Gran Canaria.

El cronista nos regala un viaje en el tiempo y callejeamos por  el casco antiguo gracias a sus palabras: «En el año 1978 el barrio de Vegueta se cerró al tráfico y se hizo una gran fiesta. Hubo una verbena fabulosa en la Plaza de Santa Ana y fiesta en todas las plazas. Ese día empezaron también los paseos nocturnos por la ciudad vieja. Se marcó un antes y un después».

Frente al colorido barrio de San Juan es obligado preguntar por las hogueras de antaño y Juan José Laforet nos dice que se hacía una gran hoguera hasta hace apenas tres o cuatro años, en la loma. «Todo este barrio -señala hacia las casas multicolores- se llenaban de hogueras en los años 60; en los solares que estaban libres de los riscos de San roque y por supuesto en el barrio de San Juan. Luego se prohibieron, entre otras cosas, porque la ciudad creció mucho y desaparecieron la mayoría de los solares libres. Parece ser que también hubo una experiencia de hacer hogueras en las calles de Vegueta, según algunas crónicas, se hacían hogueras en las esquinas de Vegueta, en las noches de San Juan del siglo XIX».

La cercanía del mar nos da pie a preguntarle por los baños en la playa durante la noche de San Juan y el cronista comenta que la gente se bañaba mucho en la playa de San Cristóbal o en las Alcaravaneras y a partir del siglo XX, ya que hasta la segunda mitad del siglo XIX no había casi nadie en el puerto. «La gente vivía mayoritariamente en Vegueta, Triana y se bañaban en lo que se llamaba la Playa de Triana, que hoy en día es la calle Francisco Gourié. Era un acto simple de entrar y salir del agua».

Y así, paseando por la historia reciente, nos agrega algo más sobre algunas costumbres de antaño: «Aparte de saltar la hoguera también habían otros ritos como el de echar unos polvitos de talco al agua y observar o bien se miraba si el agua del estanque más cercano estaba turbia o no, para saber el devenir».

Nuestro futuro es menos incierto si nos sentimos acompañados de personas como Juan José Laforet que nos muestra partes de la historia que también somos y que compartimos todas y todos.

Cóctel de culturas en el San Juan de Telde

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Antonio María González Padrón, cronista oficial de Telde

Bajo el cielo despejado de la ciudad de Telde nos recibe Antonio Mª González Padrón, cronista oficial del Telde, para hablar sobre las fiestas sanjuaneras: «Se elige a San Juan Bautista como patrono de Telde y junto a los actos religiosos, queda también, la reminiscencia de como lo celebraban las distintas culturas que llegaron hasta aquí, dando como resultado una sociedad compleja y mestiza en la que vivieron nuestros abuelos y bisabuelos».

Nos detalla González Padrón que esa mezcla estaba conformada por los ritos de los aborígenes , las creencias de los colonizadores que aportaron una cultura cristiana católica y europea. Puntualiza que, concretamente, a Gran Canaria llegaron personas de la baja Andalucía con sus creencias sefarditas y árabes. Y añade que cuando acaba la conquista se hacen razias para traer esclavos, desde el Sáhara Occidental y desde el Golfo de Guinea, para que trabajen en los ingenios azucareros.

«Todos estos pueblos celebraban la fiesta de la recolección, a su manera. Y así, llegamos a las fiestas de San Juan».

Con el barrio de San Juan al fondo y el discurso pedagógico de Antonio María nos adentramos en el mundo de las hogueras: «Cuando se prendían, en esos tiempos, nadie iba a decir que era en honor a sus dioses, sino que decían que eran en honor a San Juan».

«A las hogueras iban las cosas inservibles y el uno por ciento de la población, que sabía escribir, anotaban en unos papeles los malos deseos y los pecados porque el fuego purificaba. Y es que el fuego tiene esa dicotomía de destruir y de crear. Así es como se fomentaron, desde antiguo las hogueras de San Juan».

Para entender algunas peculiaridades de la fiesta de San Juan en el Telde del siglo XVI hay que saber que, desde el punto de vista económico, la ciudad tenía una importancia tremenda porque poseía el mayor conjunto de tierras cultivadas de Gran Canaria; además de varios ingenios azucareros con mucha población esclava, en torno a la industria del llamado «oro blanco».

Suenan las campanas de la basílica menor de San Juan Bautista y el cronista nos relata una tradición poco conocida: «El día de San Juan existía una costumbre por la cual los esclavos libertos podían comprar la libertad de otros esclavos, mediante los ahorros de su trabajo -que se hacía para San Juan y para la virgen del Rosario-. Eligieron el día de San Juan para hacer la transacción económica y libertar al esclavo. Se hacía una «foguera» ante la talla del santo, en la plaza de San Juan. La hoguera tenía de 10 a 12 metros de longitud y cuando se convertía en una alfombra de brasas, el esclavo o la esclava que había conseguido la libertad, como muestra de agradecimiento y de fé, de valentía… bailaba sobre los luminosos rescoldos. Era una danza del fuego, sobre las ascuas, apagándolas con sus piernas. Para que fuera más bello cogían caracolas de mar chiquititas, cencerros y cascabeles y los ataban, desde las rodillas hasta los tobillos de forma redondeada, de tal forma que mientras saltaban se oía también una melodía. Se estuvo haciendo esto, como mínimo, hasta finales del siglo XVI».

Como estamos en el barrio de San Francisco, famoso por su bailadero, salpicado de enormes cruces y envuelto de relatos de brujería le sacamos el tema al cronista: «Hay mucha mentira con respecto a la brujas y a los hechizos. Esto se persiguió muy de cerca por los párrocos de las islas que hacían verdaderas investigaciones y lo llevaban al Tribunal de la Inquisición. Hubo casos contados de brujería, más bien se apresaba a la gente por incumplir, por ser protestante, por robar agua bendita… pero por brujería se puede contar con los dedos de la mano. En un lugar como Telde, con gran tradición aborigen, existía lo que se llamaba curanderas, que hacían medicina natural con hierbas y frutos,  como la llamada «bruja de Tara», que vivió hasta hace unos 40 años. Ella decía que le venía de su abuela, la canaria, y que se heredaba de abuela a nieta. Lo que hacía era santiguar, imponer las manos en la cabeza, colocar el pomo, las visceras; también habían esteleros que arreglaban las torceduras de huesos y músculos. En Telde solo hubo un caso de brujería en todo el siglo XIX».

Añade el cronista que en los años 7o del siglo pasado empezaron a aparecer frutas en las playas de Alcaravaneras, Las Canteras y Melenara. «Eso era cosa de los indianos que lo traían aprendido de la santería cubana. Y fue, a partir de los años 80, que empezó como festival de lo anecdotario el ir a la playa a saltar una hoguera, a tomar unos rones y a bañarse en el agua como diversión. Pero esto no es una tradición canaria ni aborigen».

Salimos del barrio empedrado hacia San Juan. Nos paramos un instante en medio de la plaza, sabiendo que este año, en Telde, no veremos hogueras ni podremos saltar sobre ellas o quemar papelitos para purificar lo malo; lo que sí vamos a hacer es imaginar aquellas sonoras danzas del fuego gracias al detallado relato de Antonio María González Padrón.

San Juan en Arucas era reencuentro

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Armando Pérez Tejera, investigador, Arucas

La plaza de San Juan de Arucas es piedra azul y es historia. Amanece engalanada con banderines amarillos y verdes, anunciando que las fiestas del santo patrono están a la vuelta de la esquina. Si nos fijamos con atención descubrimos un detalle: dragones en miniatura custodiando la plaza y casi inapreciables para los visitantes. Tal vez, un misterio más en torno a San Juan Bautista y sus festejos. Si visitas Arucas párate un momento a contemplarlos. Nosotras los hemos contado a simple vista y también escondidos tras la vegetación que envuelve la plaza.

Charlamos con Armando Pérez Tejera que es investigador y nos transmite su pasión por la historia. Descubrimos que San Juan fue elegido como patrono de Arucas desde el siglo XVI y que une a todos los habitantes del municipio, como patrón, pero que es una fiesta más arraigada en el casco que en los barrios, que disfrutan con más ardor, otras festividades tales como San Pedro en Bañaderos o San Isidro en Montaña Cardones.

Del relato de los tiempos pasados hemos aprendido que por esta época del año la familia entera se juntaba para desgranar las piñas de millo y almacenar el grano. Los vecinos aprovechaban y se unían para hacer hogueras. «Esto era algo típico en todos los barrios, incluso se hacían concursos de hogueras. Eran famosas las del barrio de La Cruz, en la montaña. Y es que, tras terminar las labores, alrededor del fuego, se juntaba toda la familia para asar piñas, papas y también se quemaban las libretas pues coincidía con el fin de curso escolar»

El fuego es purificación y el agua también pero la costa queda lejos del centro de la ciudad así que Armando nos relata algo original sobre este punto: «El casco de Arucas ha vivido de espaldas a su costa, al contrario que los barrios costeros que sí participaban del mar. Es por esto que las acequias, por donde corría el agua purificadora, se usaban esa noche de San Juan para tirarse por ellas, a modo de toboganes».

Armando Pérez nos explica que se ha dado cuenta de que existe mucha añoranza por las fiestas sanjuaneras de los años 50 y 60. Describe cómo eran esas fiestas: «Los primeros vecinos en recibir a los romeros eran los de la calle Acequia Alta y desde allí se seguía la romería hasta llegar a la iglesia, para la ofrenda».

Esa fiesta de la que nos habla el investigador era calle y también era paseo: «Significaba comprar y estrenar un traje nuevo, prepararse más elegante que nunca. Era alterne y emoción de ir y encontrarse con gente querida. Ese sentimiento que envolvía San Juan se fundamentaba en saber que aquellas personas que llevaban tiempo sin verse, tenían un reencuentro con motivo de las fiestas patronales. Muchos ciudadanos de Arucas hicieron emigración interior y volvían desde Las Palmas de Gran Canaria o desde el sur, así que San Juan se convertía en el momento idóneo para el reencuentro. Y al llegar no faltaba la pella de gofio, el chupito de ron y el sancocho».

Las celebraciones de las fiestas que relata el investigador aruquense  eran acontecimientos públicos como las verbenas.  «Acudía mucha gente de fuera a la verbenas, por famosas. Habían chiringuitos, música y picoteo alrededor de la plaza. Estaban pensadas para el pueblo y ayudaban a socializar. Sin embargo, la tendencia actual fuera de la situación sanitaria, es la de realización de actos en recintos cerrados y bajo precio, que se alejan de lo popular».

Un evento a destacar por lo innovador, para esa época, fue la realización de los afamados primeros festivales de cine amateur, de la mano del desaparecido fotógrafo Manolín y después con Manuel Domínguez Caballero. «Esos vídeos luego se pasaban en las fiestas para el público en general».

Ha sido un paseo entrañable de la mano de Armando Pérez donde hemos disfrutado imaginando una Arucas totalmente plantada con trigo y millo -antes de las plataneras- , con fiestas llenas de música de verbena y el sabor a piñas asadas. Esperamos que sigan dándose reencuentros en torno a la plaza de San Juan, al amparo de las fiestas y fuera de ellas.

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